Edad. (cita)

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¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena.
Un programa honesto requiere ochocientos años. Los primeros cien serían dedicados a los juegos propios de la edad, dirigidos por ayos de quinientos años; a los cuatrocientos años, terminada la educación superior, se podría hacer algo de provecho; el casamiento no debería hacerse antes de los quinientos; los últimos cien años de vida podrían dedicarse a la sabiduría.
Y al cabo de los ochocientos años quizá se empezase a saber cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena.
Un programa honesto requiere ocho mil años.
Etcétera.



Ernesto Sábato ("Uno y el Universo")

La Espera

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Los vidrios empañados no reflejan. Eso lo exaspera por demás, vaya a saber uno por qué; no es tan vanidoso como para molestarse por eso. Pero lo que lo molesta es no poder ver hacia afuera, hacia la vereda por donde tendría que llegar.
Acomoda en el centro del plato la taza de café. Seca la cuchara, aunque seguramente la vuelva a usar porque el café va a seguir amargo. Dobla las bolsitas de azúcar en ínfimos cuadrados y los pone debajo del plato, que mueve la taza y la corre de su perfecto equilibrio.
Ya debería haber llegado, pero trata de no darse cuenta de eso, y seguir como si nada pasara.
Llama al mozo y le dice que le molesta el humo del cigarrillo. El mozo le explica que no puede hacer nada, ya que están en el sector de fumadores. Él lo acepta, fue su decisión, era mejor soportar el molesto y desagradable olor a tener que esperar a que se desocupe una mesa con mejor ubicación.
"¿Le habrá pasado algo?", "Seguro que hay mucho tránsito, o se le pasó uno de los colectivos". Pero él sabe que ella vive a no más de quince cuadras del bar y que no le molestaría caminar. Se rehusa a pensar en la inasistencia. Debe haberle sucedido algo; no, tiene que haberle sucedidoalgo. Es mejor llamarla. Pide permiso para usar el teléfono del bar y de su bolsillo trasero saca un papel maltratado que se mezcla con su pañuelo de tela, que contrario al papel, estaba perfectamente planchado y doblado. No atiende nadie, y si no atiende nadie ya debe haber salido de su casa... Es mejor esperar.
"¿La habrá manoseado el mozo? No tiene mucha pinta de limpio". Se vé tan dulce y él con tanta hambre. Además, el sabor de la medialuna contrarrestaría con el del amarguísimo café, ese que todavía no podía endulzar. Pero, hace cuánto que estaría en el mostrador; ayer quizás, o incluso dos días antes. Uno nunca sabe.
Le molesta que el mantel le llegue hasta las rodillas y lo haga sentir como si tuviera un cachorro sobre sus piernas. No le gusta esa idea.
"Tal vez tuvo una urgencia en su trabajo...". Pero sabe que esa idea es ridícula, ya que trabaja como una modesta secretaria para uno de esos tipos que tuvieron suerte en la vida y que además nacieron sin pudor ni conciencia.
El mozo le avisa que se desocupó una mesa bastante lejos del sector de fumadores y le pregunta si le interesa, a lo que él le responde que no, que prefiere quedarse junto a la ventana. Quiere saber con anticipación si ella iba a entrar al bar para sentarse aunque sea a hablar del horrible clima que había afuera. Pero, ¿Qué iba a ver si el vidrio está empañado? Él parece no darse cuenta de esto, para él el vidrio le muestra a la perfección la vereda, la calle y los autos, pero ni rastro de persona alguna.
Mira las migas sobrantes y se cuestiona sobre por qué comió esa medialuna. Ya se vé venir la terrible indisgestión y se empieza a poner más molesto que de costumbre. ¿Para qué lo hizo? ¿Tanto la necesitaba?
El malestar lo tiene harto. Se para y le deja dicho al mozo que si alguien llegara a preguntar por él que le entregue esa nota que había escrito hace un momento en una de las servilletas del lugar.
Decidió darse cuenta por fin que Clara, como todas las demás personas que lo rodean, había optado por alejarse de él, que presentía todo el mal que sobre ella se avalanzaría si se llegaban a relacionar. No valía la pena seguir esperando. Ni a ella, ni a nadie.
Un rato después, una mujer alta, con el pelo algo alborotado, un tapado recatado y una cara bien maquillada que pedía disculpas por anticipado entra al bar. Se dirije al único mozo que atendía a esa hora, un hombre bonachón y con olor a cigarrillo en la ropa, y le pregunta por un tal Carlos y le describe su apariencia. "No muy alto, bien arreglado, algo torpe y nervioso" dice nada más y el mozo le explica que el tal Carlos se había retirado hace unos momentos y le señala la mesa, todavía sin levantar, donde éste estaba sentado. Clara observa la mesa; un rígido café espeso y frío se posa en el centro de la mesa, con doce o trece sobres de azúcar a su alrededor. Le pregunta al hombre bonachón si le había dejado algo, y el mozo le entrega una servilleta escrita.
"No hace falta si quiera que hablemos, aunque si recibes esto es que algún día llegaste. Pero no importa, tendrías que haberlo hecho hace ya tiempo. No hay vuelta atrás, adiós."
¿Por qué? ¿Por qué tan brusco, tan frío? Si ella no hubiera decidido ponerse tacos y así poder ir caminando entre los charcos hasta el bar, en vez de esperar un taxi que nunca llegaría.
Segundos después de terminar de leer las palabras de Carlos, vé cómo la taza se agrieta y rompe en un instante, derramando el café por toda la mesa y tiñendo de negro el largo mantel, roto del lado de la silla, a la altura de donde estarían las rodillas de una persona sentada. Clara rompe en llanto y sale corriendo del bar de Perú y Carlos Calvo.
Carlos era conciente de la reacción de Clara, de hecho fue lo último que pasó por su cabeza, pero ¿Cúanto tardaría ella en olvidarlo? O tal vez ya lo habría hecho; ayer quizás, o incluso dos días antes. Uno nunca sabe.



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Fecha: 17 de julio de 2009.
Autor: J. Fabricio Pereyra


¿Padre? ¿Qué es eso?

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"I am my father's son
'Cause he's a
phantom, a mystery and that leaves me nothing."

¿Cuántas veces no nos sentimos identificados con alguna canción? Es sólo encajar la letra en un fragmento de nuestra vida y tomarla como parte de una biografía inconclusa. O no tanto.
Decenas, Cientos de letras podría elegir para describir fragmentos de mi vida, así como todos podrían; pero sin embargo, siento que esa frase es la mano que moldeó el barro del que estoy hecho. Esa frase hizo todo lo bueno y malo en mí. No sé si trabajó para bien o para mal, pero me afectó desde antes de nacer.

Los que me conocen sabrán que no hablo de mi padre de corazón, del padre de mis hermanas; sino de mi padre biológico.

Catalogarlo de 'Fantasma' es ser demasiado bueno.


punto.


"No eres la misma. Dime si es que acaso no sientes más las mariposas que reposaban en tu pelo tratando de cautivarte. ¿Por qué no quedan días en que podamos recorrer el viento sin tener que escapar escondiéndonos de los escarabajos?
De repente las luciérnagas en tus ojos, como intentando describir su exilio, brillaron intensamente para apagarse y confundirse entre los insectos comunes, los sin gracia.
De todo esto, como producto de un proceso melancólico y cuasi irreversible, tus palabras (sin ser pensadas) pasaron por alto mi reclamo y dieron vueltas a mi alrededor, para terminar alojadas por siempre en mi inconciente conciencia. Hubiera deseado que me dejes preguntar por las libélulas cromáticas que solían anticipar las tormentas heladas de junio. Esas tormentas donde tu ego luchaba contra todo, hasta que solo quedaba mi cuerpo desnudo para desquitarse y golpear, hasta que sus nudillos cedieran.
Nunca lo supuse, no hubo tormenta previa, ni siquiera una ventizca.
No quedaba nada por decir, pero los sentimientos, los recuerdos y las vivencias llevaban a cabo una guerra inmutable y perpetua; pero lo que más perturbaba era el silencio, ese silencio que escarvaba como una experimentada lombriz en la oscura tierra de mis deseos, agrandando la fosa de la locura.
El agobio abundaba, el recelo reemplazó a la angustia y a la tristeza. El control no estaba jugando a favor de nadie y ciertamente no me importaba. Las larvas cegaron mis ojos y las polillas, como en un macabro vuelo nocturno, guiaron mi brazo por el mal camino con la fuerza del agobio, el recelo, la angustia y la tristeza, con la fuerza de las tormentas heladas de junio.
Las libélulas devoraron a las mariposas en la cómplice noche ocacionada por los sin gracia. Los escarabajos luchan con mis lombrices sin tregua. Las larvas te zozobran y las polillas me rondan sin cesar."

- Carta anónima, hallada sobre el pecho del cadáver de la joven, presuntamente escrita por su pareja, la cual se encontraba yacente al lado de ésta. El cuerpo masculino presenta un estado de descomposición menor que el del femenino (de 3 a 4 días menos) y no presenta heridas físicas perceptibles.


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Fecha: 02 de junio de 2009.
Autor: J. Fabricio Pereyra


Esto NO está olvidado.

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Pero mi creatividad parece que si.


punto.


Bucéfalo

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Anda caballo, galopa. Ve, trota caballo de Andaluz. Tú que puedes, échate a andar.
No me necesites, no me mires, yo no estaré más para estorbarte.
Mucho fue el tiempo que por mis caprichos no pudiste salir. Dentro de mis sueños vivías y en mi inconciente te regocijabas. Tenías miedo de lastimarme, temías por mí y por las estructuras que empezaba a forjar. Pero he decidido no ser egoísta y dejarte ir. No mirés atrás, ni quieras adelantarte a tus patas. No precisas del pasado para ser feliz y no precisas del futuro para ser feliz.

Siempre tendrás diecisiete, nunca crecerás. Por eso has de aprovechar lo que yo no pude, e irás solo por detrás del viento, sin importarte las cenizas que dejan tu andar ni los zurcos en los caminos de empedrado, mirarás al frente siguiendo el sol rosado y el negro cielo. ¿Y qué importa si es negro? A ti no te importará jamás, pues sabes cómo cambiarlo.
Sin un destino fijo, pones a prueba cada una de tus exquisitas habilidades sensoriales, que perciben la brisa otoñal de los campos despeinando tus patas que se fortalecen en la huída. Perciben el crujir de la paja al pisarla y el eléctrico color del crepúsculo. Las auroras renacerán más tarde, esculpiendo montañas y dando fulgor a algún solitario lago.

Por fin partes mi viejo amigo. Chronos no te intimida, pero no descansas. Al vivo relinche que suena inmortal en una noche nublada, cruzas una ciudad con huesos que saludan e invitan a rellenar sus sacos de irrealidad, padres sin hijos suplicando naturalidad, rodillas que arrastran cuerpos hacia templos repletos de dolor y trajes llenos de bolsillos, sin pañuelos y sin rastros de emociones. Al vivo relinche escapas; no necesitas de eso para ser feliz, no es tu lugar.
Los sucios parques te despiden llenos de lágrimas en sus árboles, y los hospitales esperan no volver a encontrarte. No hay tiempo, ni lugar en tu mente para escapatorias efímeras, que tarde o temprano desgarrarán tus músculos. Y desaparece tu figura entre el fuego que incendia el aire, y la amargura que de mi se desprende.

Decidiste ser parte de la naturaleza y no te culpo. Hoy no te preocupes por mí, he elegido quedarme... Pero tan solo te pido que no me olvides; así algun día, cuando estés cansado y necesites compañía, vendrás por mí y juntos correremos hacia el mar.



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Fecha: 21 de Enero de 2009.
Autor: J. Fabricio Pereyra





Introducción, Nudo y Desenlace

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Es lo que ya tengo en mi cabeza y detallado mediante garabatos en un cuaderno. Hoy me puse a trabajar en serio en este pequeño pero ambicioso proyecto en mi corta carrera de escritor amateur.
Recién estoy detallando la introducción y no puedo parar de aregarle y quitarle cosas, y aún así no está quedando como todo lo mío... le faltan innumerables cosas, pero va creciendo.

Y tan solo una imagen tengo segura.




Bienvenidos a la novela, bienvenidos a mi ambición.

punto.


Fragata Crecimiento

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Intentó crecer... de golpe cortar la cuerda.
Decidió que su barco debía zarpar.
No supo calibrar los compaces.
Y la flota lo abandonó a medio andar.

Al menos la explicación,
no será tan resignante
como lo fue la excusa...
¡Para salir por un instante!

Esa idea de solucionar
la falta de luz y claridad
se desgastó entre tus manos.
Cubiertas de cera.

Tan solo debía inclinar
sus planos para ver
la marea adulta al frente.
Su amada atada en proa.

Al menos la explicación,
será tan amigable.
Mirando tardes pasar...
¡Para salir por un instante!

Al menos la explicación,
no será tan resignante.
Al menos la explicación,
será más amigable.

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Fecha: 16 de Diciembre de 2008.
Autor: J. Fabricio Pereyra





Jazmines

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Si ella quisiera, podría ver cuántos reflejos da ese espejo.
En un parpadear, ella podría saber la cantidad exacta de golondrinas sobre ese árbol.
Ella es tan poderosa. Pero prefiere seguir dormida.
Duerme y no quiere despertar.
Sueña con la prosperidad. Sueña con nosotros; y sueña con ellos en llamas.
Sueña con portafolios rosados repletos de jazmines.
Sueña con escritorios llenos de poemas y palmas rojas.
Sueña con dedos largos sin un solo anillo y muñecas sin cadenas.

¿Quién sos? ¿Quién sos?

Decime, contame, decime de verdad quién sos.



Yo prefiero padecer de insomnio en este mundo, y no soñar un mundo perfecto. Siento acercarse el olor a Jazmín.

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Fecha: 16 de Diciembre de 2008.
Autor: J. Fabricio Pereyra




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Su madre todavía no llegó. La adrenalina, el miedo y la ansiedad le dan el impulso final y decisivo que le faltaba para hacerlo. Aprovechó la habitual soledad de los martes, cuando su madre iba a hacerse controles semanales para ver el avance de su enfermedad.

No dudó de nuevo. Ella siempre quizo volar. Volar y explorar por los aires la inmensidad de la tierra (aunque ésta nunca llegaba a compararse con la de su imaginación y sus sueños).

Desde arriba puede ver la elegancia con la que los pétalos, que son elevados por alguna ráfaga, dibujan su trayecto en el cielo. Puede ver la dulzura con la que los pájaros marchan taciturnos a sus nidos. Puede ver las majestuosas y frondosas copas de los pocos árboles que cercan las manzanas. Se enamora perdidamente de ese mundo perfectamente natural. De ese mundo que siempre le costó ver.
Se enamora del canto. Se enamora del polen. Se enamora del brillo, de la brisa, de la flor, se enamora del árbol. Se enamora del verde, del amarillo, del rojo, del naranja. Se enamora del gato, del perro. Se enamora de una posible figura que pudo haber sido ella, entre todos sus amores.
No quiere volar más, quiere bajar y enamorarse también del pasto, de las raíces, de las huellas. Ya no puede dejar de volar.

Vuela, corre volando.
Desde arriba puede ver el desprecio con el que las masas se comunican. Puede ver la codicia, el hambre de poder. Puede ver también el otro hambre, el que duele. Puede ver la impunidad del hombre moderno. Puede ver la hipocrecía para con sus pares. Puede ver el desencanto artificial para con lo natural. Se enfurece perdidamente con ese mundo enteramente artificial y gris que tan acostumbrada estaba a ver. Se enfurece con el medio. Se enfurece con todo y todos.
Vuela, corre volando; y apura su paso. Desfragmentando el aire a su paso, dejando una estela de difusos tonos, llenos de dolor y culpa. Nunca se va a perdonar dejarla luchar sola con su enfermedad.

Majestuosas las frondosas copas de los árboles que esperan su llegada estáticas.
Ella quiere enamorarse del hombre también, quiere tener el poder de perdonar. Quiere poder volar sobre ellos y olvidarse de recordar. Quiere ser inmune a sentimientos como todos, quiere poder ser humo de ciudad; pero ella no puede. Quiere y no puede. No se lo permite. No encuentra otra alternativa. Pero se siente peor que todos ellos. Las lágrimas que van quedando en su trayecto se funden con el aire espeso de las alturas no tan elevadas.

Decide, por casi única vez decide, dejar de pensar. Dejar de sentir, de amar, de odiar, dejar de oler, oir. Dejar de sangrar y dejar que todo siga. Pone su mente en blanco. En blanco y contra el piso. Ahora es polen, es parte del cosmos, del infinito, del medio.

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Fecha: 8 de Diciembre de 2008.
Autor: J. Fabricio Pereyra




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